La sesión solemne del 8 de mayo de 2026, con 57 diputados presentes, fue un acto histórico de transmisión del mando presidencial.
En ella, Laura Fernández Delgado asumió la presidencia de Costa Rica para el período 2026-2030, sucediendo a Rodrigo Chaves Robles.
La jornada, de carácter protocolar, estuvo marcada por la juramentación de la nueva mandataria y de los vicepresidentes Francisco Gamboa Soto y Douglas Soto Campos, en cumplimiento del artículo 137 de la Constitución Política, con la presencia de jefes de Estado y delegaciones internacionales.
En su discurso, la presidenta de la Asamblea Legislativa, Yara Jiménez Fallas, calificó el acto como "la reafirmación de nuestra democracia" y sostuvo que el respaldo electoral a Fernández representa "el corazón palpitante de un pueblo que entendió que sí es posible gobernar de forma distinta".
Jiménez instó a los diputados a "dejar atrás las discusiones infundadas que han limitado el avance del país" y ofreció el apoyo del Congreso para que "la labor del Poder Ejecutivo navegue hacia buen puerto", en un marco de "respeto, diálogo permanente y equilibrio entre los poderes".
La presidenta Laura Fernández Delgado pronunció un mensaje de alto contenido programático.
Reafirmó su papel como "heredera de ese cambio" iniciado por su predecesor y prometió "multiplicarlo y llevarlo a cada rincón de Costa Rica".
Anunció acciones concretas: "inauguraré una megacárcel y uno de los más modernos centros de vigilancia policial", impulsar "el tren rápido de pasajeros" y obras como la ruta 1, la carretera San Carlos, la finalización de la ruta 32 y el tramo Limonal-Barranca.
En seguridad, declaró "mano dura" y afirmó que "no me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado".
También se comprometió a "modernizar el Estado", "eliminar las pensiones de lujo" e "impulsar las jornadas más flexibles que generen empleos de calidad".
En una frase que marcó el tono de su administración, dijo: "a quienes pensaron que se iban a reinstalar las viejas prácticas, les digo que están muy equivocados".
El ambiente general de la sesión fue de solemnidad y formalidad protocolaria, con un marcado reconocimiento institucional entre los poderes del Estado.
El acto incluyó un tedeum ecuménico y la posterior juramentación del gabinete de la nueva presidenta, en el que se destacó la continuidad del proyecto político del expresidente Chaves.
La jornada cerró con un llamado explícito de la presidenta Fernández a "no desperdiciar este momento histórico", reafirmando que "lo que está en juego no es un gobierno, es el rumbo de nuestra amada Costa Rica".